#ISSUE 53 / Año IV / Octubre de 2024
El imperio de la noche.
La enciclopedia poética de Novalis.
Tiempo de lectura: 12´
por Oscar Carballo

«Construcción de la noche», OC_ © / Pintura electrónica + IA_[10221 x 4656 px] Buenos Aires, Octubre 2024.
A pesar de una producción literaria diversa que incluye la filosofía y las ciencias políticas, Georg von Hardenberg –Novalis– será recordado por un pequeño libro de poemas: Himnos a la noche. Ese texto examina una poderosa filosofía poética alrededor de la muerte de una niña, (Sophie von Kühn, de la cual Novalis se enamora apasionadamente), y la de su propio hermano menor (Erasmus), ambos de tuberculosis. Los trabajos posteriores de Giacomo Leopardi, un poeta tardío del romanticismo italiano que muere también prematuramente, retoma esta arbitrariedad novaliana fundando la orfandad en el pesimismo del progreso. El desasosiego sólo puede encontrar un destino seguro en la falsa prosperidad, –piensa Leopardi– y la amenaza de un camino fruto de un vacío existencial profundo y angustiante. Pero el futuro está signado por la maquina y el progreso y tales bonanzas van acabando con la profundidad del alma.
El romanticismo, entonces, acusa al neoclasicismo de haber detenido la sensualidad del pensamiento. De tal modo postula los impulsos individuales como sentimientos principales: la locura, la soledad, la pasión; al incorporar lo místico, un punto medieval detenido con el Renacimiento, propone también que lo imaginable no necesariamente debe ser inteligible. Aunque para los poetas románticos la muerte y su añoranza (la noche) postulaba una fascinación alrededor de la melancolía, para Novalis va a establecer en cambio, un camino de transformación; jamás de final, tal como retrata la transfiguración de Sophie relatada en el tercer canto de Himnos a la Noche: Los días de la Luz están contados; pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la Noche. – El Sueño dura eternamente. Sagrado Sueño – no escatimes la felicidad a los que en esta jornada terrena se han consagrado a la Noche.
Novalis deambula así por la tumba de sus amados tornando visible lo invisible. Cuando Novalis prefigura su propia muerte temprana, un hecho que no podría entenderse salvo como un suceso irreflexivo, basa ese futuro en la perspectiva intangible del encuentro inevitable con sus seres perdidos. Mientras el aspecto mágico de la existencia torna su realidad en la poesía, Novalis emprende una escritura lo suficientemente lenta y cuidada como para que sus textos, luego de su muerte, no permitieran enmiendas ni tachadura alguna.
Novalis, cuyo verdadero nombre era Georg von Hardenberg nace en Sajonia en 1772 en pleno Imperio Germánico. Contemporáneo a Samuel Coleridge, ambos están desencantados con la revolución francesa; son luteranos y además sufren decepciones amorosas. Puede decirse que el modernismo se enfrenta con su obra al optimismo de los ilustrados, cuyo discurso colectivo, si puede decirse así, no va a encontrar ningún lugar de equilibrio donde discutir las ideas del individuo aislado; al fin, su lugar de inconformidad. De todos modos, aunque reacciona frente al progreso trabaja como inspector de las minas de sal de Weißenfels, un temario que asocia libremente a su ideario. Novalis escribe así La Enciclopedia, un curioso texto tardío y febril. Conocido también como Borrador General, la virtud principal de este trabajo es su redacción aparentemente incompleta, superpuesta y provisional. Se muestra desordenado o al menos eso parece. Su escritura es un suerte de collar infinito mediado de cuentas sorprendentes; un pensamiento tras otro como si una reflexión recogiera involuntariamente un eco inmediato en la anterior. Para Borges esto es una práctica de la literatura: la Gramática y el Diccionario, –dijo alguna vez–, simulan rigor en el desorden. De tal modo, Novalis ensaya sobre filosofía, arte y religión recorriendo el cambio de época que ofrece el romanticismo alemán, –una escuela que en la región surge a partir de un movimiento cultural en Weimar llamado Storm und Drang –¿Tormenta y Afán?– entre 1767 y 1785. No hay sorpresa: el desencanto incluye despegarse del fervor neoclásico para asumir la pasión de la memoria folclórica medieval: No hay nada más poético que todas las transiciones y mescolanzas heterogéneas. Filosofar es estar despierto. En todo caso, los argumentos son eminentemente culturales y filológicos en tanto que poéticos. Novalis lo ensaya así: El cuerpo filosófico es el alma. La psicología es la fisiología y la estética filosófica. El alma filosófica es el espíritu.
Tres años después de su fallecimiento, (Novalis muere a los 28 años también de tuberculosis), dos escritores cercanos, Ludwig Tieck y Friedrich Schlegel, emprenden la tarea de publicar una obra inédita y principalmente heterodoxa: ciencias, filosofía, poesía. Hasta el momento, Novalis había publicado apenas los Himnos a la noche, unos fragmentos que llamó Polen, y algunos textos sueltos en revistas, –dos números de Athenaeum publicados en 1798–; especialmente aforismos. También había dejado inconclusa una novela: Enrique de Ofterdingen, un texto que señala la sustancia de la poesía en la voz de un narrador poeta. Tieck y Schlegel deciden darle un orden particular a esos trabajos: prescindir de la correlación que habían tenido lugar en vida del escritor para reunirlos como la base y sustento de una teoría que en todo caso le correspondía a Novalis: el idealismo mágico; una tensión profunda entre dos infinitos: el hombre interior y el vasto cosmos.
En tanto la época impulsaba las ideas del romanticismo, la aparición de Novalis, envuelta en su muerte temprana, postuló por sí misma una figura ideal para sostenerlas. Vale decir que a sus espaldas se establece una suerte de distorsión, de exageración estética en pos de la construcción de un personaje que en todo caso ameritaba sostenerse por sí mismo; sin afeites ni agregados. Durante una charla dictada en el Instituto Popular de Conferencias el 23 de septiembre de 1927, Borges argumenta las particularidades de la literatura de Novalis; una frase que aún cuando descarta originalmente, rescata a posteriori en una edición francesa: Piensa Novalis, –dice–: Cada palabra tiene una significación peculiar, otras connotativas y otras enteramente arbitrarias y falsas (Werke, III, 207) Novalis fue menos místico que racional.
Durante 1794, en un viaje a Grüningen, Hardenberg visita el castillo de la familia von Kühn. Tiene 22 años y el único propósito de su llegada es entablar negocios con la familia de aristócratas. No obstante, en la estadía conoce a Sophie, una niña de apenas doce años. Novalis la idealiza de inmediato pero Sophie le teme a las arañas y a las ratas tanto como al matrimonio. Hardenberg, en cambio, sueña a la niña como una musa: Ella no quiere ser nada. Ella ya es algo, –le confiesa a su amigo Schlegel. Novalis mantiene su ardor en secreto ansiando un matrimonio que quedará trunco. En noviembre de 1795, Sophie enferma de tisis hasta quedar internada en el sanatorio de Jena. En 1976 empeora. Aunque Hardenberg sufre desde niño una infección pulmonar acompaña junto a su valiente hermano Erasmus, la convalecencia de la niña, yendo una y otra vez de Weißenfels a la clínica de Jena donde esta internada. Erasmus, quien se contagia de tisis durante esos cuidados, regresa en enero de 1797 para morir en brazos de su familia. Sophie lo hace dos meses después, a los quince años. Es en ese período donde Novalis examina las emociones ya no dentro de un arrebato vehemente, sino fruto de una iluminación primordial.
Los textos de La Enciclopedia comienzan durante ese final trágico de 1797. Tardíos, parecen regresar a sus primeros Estudios sobre Fichte. Pero a partir de nuevas preguntas sobre la filosofía de sus contemporáneos, como la obra de Schelling y de Kant, Hardenberg incorpora reflexiones científicas ligadas especialmente a la física y a la minería; su trabajo diario. Es posible que el verdadero aporte de su Borrador General, haya sido el de presentar el proyecto más ambicioso jamás emprendido por la literatura universal: la creación de una nueva Biblia capaz de comprender la totalidad de las ciencias, la filosofía y el arte en una combinatoria infinita, profundo compendio sin principio ni fin. Dado que su centro de interés merodeaba en las artes, dentro de ellas, situaba la intimidad del poeta y su discurso estético. El arte, para Novalis, debía asumir un rol de salvación, un enigma cuya profundidad no podría percibirse desde la ciencia: Únicamente el artista puede vislumbrar el sentido de la vida, –dice.
Formalmente, La Enciclopedia está construida de fragmentos, oraciones casi siempre desperdigadas, ordenadas mediante guiones y saltos; probablemente preguntas a modo de anotaciones, especulaciones y recordatorios. Sin embargo se trata de unidades de sentido: aunque autónomas, las ideas viajan de un sitio a otro con naturalidad. Quizá en estos textos pueda verse a Georg von Hardenberg, ese otro Novalis, afable, dinámico y a pesar de sus biógrafos, más curioso que desequilibrado: Toda ciencia se convierte en poesía — después de haberse convertido en filosofía. 41 (IV) Con la ciencia ha sucedido como con el hombre –para poder manejarla y formarla más fácilmente ha sido dividida en ciencias diferentes– en ambos casos el principio de la división fue extraño y accidental. La filosofía, como toda ciencia sintética, como las matemáticas, es arbitraria.
A fines de 1799, Novalis se muestra en apogeo. Escribe febrilmente mientras planea sus libros futuros. Todavía cerca de aquella frustración amorosa, conoce a Julie de Charpentier: el instinto parece dar al poeta una certidumbre alterna acerca de la experiencia de la pasión: La naturaleza inspira, por así decir, al auténtico enamorado y se manifiesta a través de él con mayor perfección – cuanto más armónica sea, respecto a ella, su constitución. Tanta felicidad incluye adecuar un nuevo apartamento, amueblarlo y celebrar su casamiento con de Charpentier. Su vida gira indubitablemente entre la literatura y el amor. Tres años después, (un año antes de su muerte), Novalis tiene listo el argumento de La Espera y La consumación, primera y segunda parte de su novela Heinrich von Ofterdingen. Anota en su diario: la escritura está en pleno apogeo, –dice– todo el plan descansa bastante bien en mi cabeza. En la primera parte, Heinrich madura para convertirse en poeta, y en la segunda narrará los hechos como tal. Pero al intentar viajar a Freyberg para su boda en agosto, una serie de hemorragias posponen su plan. Los médicos desestiman el cuadro; al fin, las dolencias pulmonares lo acompañan desde pequeño.
Hardenberg enferma enamorado de una niña que muere, pero en ese interregno en donde lo espiritual queda suspendido con la muerte, postula una suerte de canto hacia la sustancia del amor, que no es otra cosa que la naturaleza del espíritu no revelado. Transcurre el año 1800. Es en este período donde Hardenberg publica los Himnos a la Noche. Sophie se establece en una subjetividad distinta, una religión devocional y absoluta. Ella es el día y la noche a la vez; la vida y la muerte. La revelación de la verdad anida en todo caso en la densidad espiritual que ante todo es infinita.
Podría decirse que luego de la muerte de Novalis, toda su obra fue intervenida en forma inquietante. Ora para exagerar su vida ‘atormentada y enferma’, ora para prescindir de su sexualidad y cierta vulgaridad, así como también de una intimidad acaso tan procaz como eventualmente feliz. La vida breve de Novalis queda así apretada en una serie de intensos episodios que lo muestran siempre sólido y febril. La escritura de su Diario –el Journal– fechado al final de su vida, muestra claramente su cotidiano mediado de un espacio de fantasía y duelo provocado especialmente por la muerte temprana de su hermano Erasmus y naturalmente, la de Sophie.
Aunque es en ese tránsito literario donde Hardenberg debería lucir su escritura sin artificio alguno, su diario y sus escritos fueron también corregidos y seleccionados por sus propios amigos, sumándose en el tercer volumen, el escritor Eduard von Bülow, a la sazón, cómplice de Ludwig Tieck. En tanto fueron suprimidas palabras claves tornando un sentido en otro, la edición que les pertenece no puede definirse sino como ambigua.
La historia de la escritura ha consignado los géneros literarios como una cortesía. En algunos autores, la división en formatos suele ser una categorización aparente, una deuda que no afecta a la lectura. Publicar un texto define un tipo de contenido, la valoración de una escuela de pensamiento y el destino de cierto lector. Pero la publicación de La Enciclopedia podría desconcertar al desprevenido. La variación y los saltos que producen sus anotaciones –por momentos inconexas y elípticas–, constituyen al fin el corpus mismo de la obra de Novalis: un universo de líneas posibles que se abren y abandonan frente a su riqueza. Pareciera que Novalis ha preferido la anotación semejante a una pregunta (el aforismo agitado reunido mediante guiones, saltos y espacios), antes que la decepción de un desarrollo defectuoso: El verdadero enamorado de la naturaleza destaca por su habilidad para multiplicar los experimentos (…) Solamente el genio es experimentador. 463 (IV)
Los fragmentos de La Enciclopedia funcionan como absolutos, voluntades y profecías; también como formulaciones teóricas. En tal sentido no hay que olvidar que se trata de un texto completo, expresado como una estructura o un sistema: si el sujeto es el absoluto debe referirse necesariamente a un cosmos en tensión. Novalis escribe así: Las experiencias y los experimentos son manejados aún con demasiado despreocupación. Se ignora su utilización. – No se reflexiona con suficiente cuidado en la relación entre las experiencias y las conclusiones.
Entre otros textos devocionales y Cantos (la mayoría destinados a la liturgia cristiana) Novalis redacta un texto que llamará La cristiandad en Europa, un trabajo vetado por Goethe y apenas publicado un cuarto de siglo luego de su muerte. Allí, el espíritu reformista de Hardenberg no ahorra críticas a Lutero, un evangelista que termina dividiendo la iglesia, indivisible por derecho propio y a la cual sólo debía guiarla en su renacer. La iglesia, en tanto se había convertido en un mero trono, tironeada por sus súbditos e impotente. Así apunta su parecer sobre la democracia política y el rol del individuo educado en sociedad: la filosofía no debe abandonar las aulas (…) debe ser amena, debe ser familiar al artesano y al labrador, común, cómoda, siempre a mano, útil para todo, en pocas palabras, debe ser un Mefistófeles; no debe tener ninguna religión.
Pero lo que Novalis buscaba eran revelaciones distintas a los modelos clásicos cosa que establece definitivamente al resaltar lo sublime como estética, vale decir, en oposición a una percepción racional: conceder la experiencia conmovedora que no es otra cosa que una suerte de turbación frente a las pasiones espirituales. En Teoría física del arte, Novalis escribe con asombro: ¡Qué pocos hombres tienen el genio necesario para experimentar!
El ideario de Novalis señala también la virtud de los memoriosos. El individuo parece recurrir a una serie de posiciones que del mismo modo que las planta a rajatabla las derrumba sin otro destino que el olvido: Los hay que cambian de filosofía como de criados o de deseos, –dice. Al final terminan odiando toda la especie y eligen por última vez, pero para siempre. No voy a discutir ahora si su estado de ánimo es entonces el más apropiado para realizar una elección. En pocas palabras, creen haberse liberado para siempre de la filosofía y están más que nunca en las manos de ese demonio que los cuida y los ceba con esmero para convertirlos en un bocado exquisito para sí mismo.
Fueron editores contemporáneos a Schlegel y Tieck, quienes señalaron a éste último de tergiversar la obra de Novalis ya desde la instalación empecinada de una biografía apócrifa. En realidad buscaban eliminar la figura del escritor ordinario en pos de otro ideal, sombrío y taciturno, ideal que necesitaban los editores para montar un espectáculo histórico basado en el dolor, la enfermedad y la muerte romántica. Entre otras enmiendas posteriores, algunos trataron de reordenar la obra incluyendo restituir su verdadero nombre –Hardenberg– en reemplazo de Novalis, un seudónimo tomado ocasionalmente de su linaje familiar. Los indescriptibles pantanos de naturaleza nocturna que muchos editores reclaman para la existencia sine quanon de Novalis, parecieran coincidir únicamente con los paisajes novelados de un romanticismo teórico. Sustancialmente están enamorados de una mística que administran discrecionalmente.
Novalis anota su parecer acerca del error: El error es el instrumento necesario de la verdad. Con el error hago la verdad (…) La verdad es un error completo. Mientras para el idealismo la imaginación es productora de realidad; Novalis se apropia de la ilusión como una forma de engaño. Se acerca a Fichte para quien las apariencias son discursos de la fenomenología; al fin y al cabo, cada cual determina que hacer con ellas. Novalis lo dice de este modo: todo lo puro es un engaño o ilusión de la imaginación – una ficción necesaria.
Gravemente enfermo, Georg von Hardenberg se muestra particularmente fortalecido. Hace poco tiempo, –con la edición de Polen–, ha decidido publicar bajo el seudónimo de Novalis. Entre sus libros y escritos recuerda está voluntad para el futuro; una obra que seguirá asomando en el crepúsculo de toda vida para señalar la poderosa eternidad de la verdadera existencia: La poesía –anota– es la verdadera realidad absoluta; este es el núcleo de mi filosofía. Cuanto más poético, más verdadero. La existencia de Hardenberg es pura espiritualidad.
En una cita póstuma incluida en la edición conjunta de los tres volúmenes de los Novalis Schriften (Freidrich Schlegel, Ludwig Tieck y Eduard von Bülow, editores) Schlegel deja constancia que el escritor tiene al momento una esperanza profunda en el anhelo de vivir, una realidad vital cuya potencia pareciera hacer surgir en él nuevos talentos y un vigor renovado, a tal punto de resolver reescribir su trabajo proyectado desde cero, y con amor rejuvenecido. Schlegel se refiere a Heinrich von Ofterdingen, la novela de un poeta que acaso escriba perpetuamente. Es durante la mañana del 25 de marzo de 1801 cuando Novalis le expresa a Schlegel su epifanía: recién ahora he experimentado lo que es la poesía; han surgido en mi incontables canciones, cantos completamente distintos a los que he escrito hasta ahora.
Novalis muere ese día muy temprano en su casa de Weißenfels mientras anota nuevos comentarios en su diario y lee sus libros en cama. También le pide a su hermano Carl que toque el piano para él. Muere durmiendo antes de cumplir 29 años. Además de Carl, lo acompaña Friedrich Schlegel, su amigo y editor futuro.
Quizá en esa noche hardenbergiana, oscuridad que puede verse también en Blake, en las ensoñaciones opiáceas de Coleridge y aún en las carnes sanguinolentas de Goya, esté expresada la naturaleza siempre turbulenta de lo humano pero también donde sus pantanos y nocturnos, –acaso la aquiescencia del artista; los sentimientos que doblegan dualmente la razón y la filosofía–, jamás podrían revelar la muerte como un límite doloroso y vano.
Oscar Carballo, Buenos Aires, Octubre de 2024